lunes, 11 de febrero de 2019

Analfabetismo Cultural

Salí al mundo adulto en plena decadencia de la clase media en México a finales de los años ochenta.
Un aspecto  notable y medular de mi generación porque los rasgos culturales de este sector de la población entonces definían nuestros horizontes aspiracionales como sociedad y juventud. 
Si bien mi entorno familiar pudo ser un ejemplo resumido de la crisis económica-social de la mayoría de mexicanos de clase baja en esa década, con toda la disfunción y pobreza que eso implica; la idea de movilidad social por medio de la educación formaba entonces una probabilidad que referenciaba mi vida. El deseo viajar, poseer un repertorio conceptual y progresivo, a través de la literatura, música y consumo selectivo de  contenidos culturales en TV,  eran las herramientas naturales  con las que  contaba para enfrentar el mundo a los trece años de edad.
Sin embargo, las instituciones  educativas en este contexto de declive por entonces también empezaban a dejar de ser una opción real no solo para mí, que al final solo fui parte estadística de como la Educación dejo de ser un factor de movilidad social. Creo que en definitiva me toco venir a la adultez en un momento interesante de coyuntura histórica (políticamente Cuauhtémoc Cárdenas y la alternancia democrática sintetizaban la necesidad de un cambio que se adecuara a los requerimientos del país)  El encarecimiento de la educación, la falta  de un sistema de becas y  crecimiento demográfico en las zonas urbanas, aumentaría la demanda de lugares en preparatorias y universidades públicas. Un fenómeno que  se desarrollaría hasta hoy que las escuelas  privadas dejaron de ser una alternativa para gente con mayor poder adquisitivo, convirtiéndose en la más asequible posibilidad de educación popular (fuera de alcance para mi familia), multiplicándose como negocio pero disminuyendo proporcionalmente su calidad de formación.
Refiero esto,  porque la reducción de la llamada Clase Media en México sin duda representó un cambio de paradigmas culturales que afectaron la escala de valores sociales y éticos que nos conforman hoy como sociedad incluso en los sectores bajos de la economía nacional,  donde actualmente la generalidad parece ser un ambiente de Descomposición Social.
La pérdida de estos valores conceptuales,  que nos acercaban a una perspectiva más Humanista de nosotros mismos y de nuestro entorno,  a través  del arte, la cultura y el bienestar personal por medio del aprendizaje y adquisición de experiencias formativas, insertados dentro la sociedad funcionalmente y con una estabilidad material, nos ha conducido a una especie  de Analfabetismo Cultural,  conceptual o si se quiere espiritual.
Definir hoy que es, fue o significó la clase media mexicana es un tanto difícil según las diferentes posturas de las Ciencias Sociales, en lo personal  creo firmemente que junto a las Culturas Indígenas o Tradicionales forman aun el espíritu del colectivo que llamamos México, una ‘Cultura’ en sí, del mestizaje y su desarrollo histórico.
Sin embargo, en el ámbito público, a partir de las siguientes décadas parece ser ya una idea difusa, cuyos márgenes se han movido engañosamente para maquillar el empobrecimiento de la población y disfrazarlo de crecimiento económico. A su vez dirigir la vocación de la sociedad mexicana en sus aspiraciones, ya que el concepto se ha mantenido como la norma saludable de lo que un mexicano común puede ser. Incluso resulta apropiado resaltar las características actuales para identificar plenamente el despojo de su valor cultural, ya que se define según el poder adquisitivo, haciendo un realce en el acceso económico a la Tecnología (teléfonos, dispositivos, cable, electrodomésticos, autos, etc.) y otros bienes de consumo (mayormente consumo suntuoso o consumismo selectivo) y no el grado de bienestar personal. O confundiendo a la vez  este último con una perspectiva puramente material.  
Esto ha generado una especie de orfandad de significados en las nuevas generaciones de mexicanos y una masificación de la pobreza conceptual que crece a la par de la pobreza de recursos. Este desamparo ha creado una clase vulnerable donde cualquier ideología encuentra terreno fértil para los extremismos de todo tipo.
A varias décadas de iniciar el proceso que modifico el eje que ha desplazado los valores humanos de la clase media, hacia una perspectiva de valoración materialista de la sociedad mexicana y que hoy nos presenta un cuadro en que la mentalidad del mexicano está señalizada por la exaltación de la delincuencia como tema sobre el cual gira nuestra identidad como país. Podemos apreciar una Democratización de la Ignorancia aun en los estratos que por su poder adquisitivo podrían ubicarse dentro de la clase media. Es común observar personas en cualquier latitud del país que ostentar la narco-cultura derivada de esta descomposición social y analfabetismo cultural.
Me es inevitable recordar al escribir a una mujer que conocí de mediana edad y con formación profesional en el sureste mexicano, esposa de un diputado local y a la vez amante de un lugarteniente del jefe de plaza local, comportándose como una “buchona”, a  jóvenes universitarios de Baja California (UABC) emborrachándose cada fin de semana escuchando narco- corridos de “movimiento alterado”, repitiendo modos y lenguajes propios de esa sub cultura.
Observar a la vez que no hay ninguna diferencia del adolecente  michoacano que profesa un culto casi espiritual a la figura del “patrón” y del político o empresario que forma lazos afectivos o comerciales con gente del hampa y que también manifiesta un comportamiento mafioso a la hora de ejercer su actividad económica (en ambos casos, la representación del Poder del delincuente como dador de vida y muerte y su capacidad para proporcionar bienestar económico, también es un síntoma del grado de descomposición conceptual) . Alguna vez compartía con un compañero de trabajo sobre las expectativas económicas y de seguridad en el nuevo gobierno, me quedo grabado su comentario al respecto, más o menos anotaba que todo iría mejor en esta ciudad de frontera si [al narcotráfico] los dejaban “trabajar” para que se generara movimiento económico. (¡TRABAJAR!...Un estudioso, del cual no recuerdo su nombre ni con exactitud su frase, anunciaba que cuando empezamos a confundir las palabras o conceptos para nombrar la realidad, es una señal inequívoca que las cosas están muy mal)
Hoy sin duda el mercado de ideas del mexicano en su mayoría se encuentra invadido por este analfabetismo de conceptos, gran parte de la ciudadanía y juventud no ve más allá de la marginalidad  que representan los productos culturales que consume: estereotipos, música, etc. La mente esta absorta en un individualismo que mantiene el atraso social y perpetúa los ciclos de miseria generacional y parece ser que el ciudadano es el último en tomar en cuenta eso.
Hace falta como escuche alguna vez, un ‘plan Marshall’ de reconstrucción nacional (haciendo referencia al plan que la comunidad de naciones aplico a Europa, Alemania principalmente y otras zonas afectadas después de la II Guerra Mundial) con una inversión en empleos y Educación que vaya más allá incluso de las medidas presupuestadas en el Nuevo Gobierno de López Obrador. Ni las becas, ni la creación de universidades por si solas tendrán la convocatoria para reformar las aspiraciones existenciales de millones de mexicanos. 
Es menester una millonaria inversión en cultura a largo plazo que reconstruya el andamiaje conceptual o espiritual para el cual las instituciones educativas no tienen la capacidad de proveer, ya  que la necesidad de educación del mexicano sobrepasa por su naturaleza los márgenes de la Educación Formal.
La negociación con el Magisterio es el mayor reto político, su importancia es de dimensiones colosales e históricas para la Presidencia ya que debe negociar con un gremio que a su vez ha perdido, por el mismo fenómeno (la degradación de los valores sociales), su vocación formativa. Si bien hasta hoy la Reforma Educativa como se ha venido planteando es insuficiente y abona a la disfuncionalidad del sistema, es una verdad URGENTE la necesidad de una Reforma.
Una re- Alfabetización de valores culturales que saque a la sociedad del ghetto de pobreza conceptual, solo puede darse con la voluntad de la sociedad en su conjunto, aquí principalmente la comunidad intelectual y artística, que en lo general también parece solo insertarse como aspiración de burocracia intelectual, extraviada en su participación formativa en el aspecto social. Parece que en el medio se tiene claro, que para el arte se debe tener una vocación y esto les ubica en un iluminismo de elite, se busca el arte como diferenciación social en su mayoría, pero se olvida que siguiendo esa lógica a la vez  el arte tiene una vocación y hasta en el aspecto más conceptual u ornamental, esta vocación es puramente social, ya que no puede prescindir del otro.
Explicaciones puede haber demasiadas. Me quedo con el testimonio de miles de muertos y de jóvenes que carecen de un referente cardinal en su experiencia…
     
  

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