viernes, 25 de octubre de 2019

EUTANASIA

Coyoacán. Día 019  
Desde el umbral del edificio observa  el gris de la ciudad como algo nuevo, un mosaico de no-color oscuro extendiéndose en  la textura de las cosas: el pavimento, los muros sobrehumanos de los desniveles, los colores destellantes de los autos transitando  sobre los terceros o cuartos pisos, volviendo el horizonte una maraña intestinal de carreteras (siempre arriba, al frente, alrededor).  Gris el aire. La cara de la gente asomando como roedores debajo de las vigas de los puentes, impregnados de una  penumbra pesada húmeda por la lluvia; sin el resplandor de lo fresco y limpio. Densa de partículas de smog fosilizado, precipitándose  hacia las alcantarillas.
“–El Viaducto Periférico… antes iba para el Centro Histórico… para el norte de la ciudad”. “Hoy no sé a dónde va…Tantos carros y  carreteras… una sobre otra… quien sabe de dónde salen… y para donde…–”.
Olivio mira la anciana sentada en el  macetero, del pasillo de la clínica. Tenso, importunado. Sin hallar la charla que despegue los labios pegados por la sequedad ceniza. Repara en el carnet, sujetado en la mano temblorosa y manchada de edad sobre el regazo, aprisionada como lo más valioso de la vida. Igual a la mano flaca de su madre tratando de asirse a la suya, mientras el apeste séptico de fármacos la arranca  de la existencia.   Ejecuta  sin ganas la impersonal sonrisa profesional, condicionada por décadas de trato social en  la Universidad y las oficinas del gobierno.
“–También espera…–”  La observa con  hábito  de estudiar las personas,  conocerlas antes de decir nada para emitir el prejuicio conveniente.
El reflejo es incómodo por la sensación  de invasión de privacidad, no del otro sino  propia,  estar expuesto por el silencio de la conciencia y los pensamientos. 
Lleva su mano al rostro tratando de censurar o germinar las ideas mientras acicala el bigote cano. La anciana es una mujer hermosa de ojos claros, vestigio de una sangre diluida en los siglos, un visión del pasado sin razón de ser en esta nueva sociedad de dispositivos electrónicos, sin relación física con esta nueva capital mexicana, sustentada en la identidad virtual conviviendo en un limbo artificial.
La mira completamente sola, la soledad de ella es una certeza visible. Como si  no le avergonzara aparentar lo contrario. Estar aquí debe ser una decisión individual, obligatoria como última oportunidad. Igual que  él.
Sin reservas mira la angustia crónica en los ojos azules, marcados por  la ansiedad y la falta de algo impreciso. Parecen  entristecidos por la espera prolongada y  miedo a  perder un destino manifiesto. La incertidumbre de la mirada junto al frágil temblor del cuerpo es una visión desoladora, enmarcada por la indiferencia de la ciudad y el aislamiento que  produce.
Las muestras de senilidad  le producen enojo, porque a pesar parece tener una orientación instintiva  por inercia. “–Esta mujer  no está en sus cabales–”. Se descubre debatiendo: “– No podría decidir sola lo más conveniente... –”  no deja sentirse humillado  comparando su situación con ella.
La trascendencia solemne de este suceso,  venir a la clínica. Despojándose; según él de soberbia humana. Es un acto de humildad cercano a la iluminación espiritual que lo sublimiza. Pero los detalles terminan en un acto grosero de desengaño. Se les une un medico joven y calvo que sale a fumar hablando por el móvil.   Lo mira indignado y el médico que corresponde con un saludo autosuficiente.
Se suspende en la desconcierto  de sí mismo, hasta que un taxi revienta el espejo tornasolado de la grasa de un charco frente a él. Apabullado  por la miseria de las calles donde hoy desenlaza su vida sonríe con  resignación a la dama. Palpa el propio carnet en la bolsa del saco, disfrutando la incapacidad de fabricarse un nuevo discurso autogratificante.
“– ¿Quién soy yo para negarle la muerte a alguien?–”. La libretita de papel le da un sentido de gravedad que lo jala hacia el suelo, desnudándolo.
Se inclina levemente como saludo y despedida “–Supongo que van a todas partes… y a ninguna Señora, como todo... –”. Dirige una mueca nostálgica a la ciudad vertical antes de perderse en las calles.

Calle de madero Centro Histórico. Día 014
“–… la Ciudad es la misma desde que nacimos Olivio... nunca cambia. Solo nosotros nos hacemos viejos. Los tiempos cambian, el mundo, los modos. La ciudad no. A pesar que  hagan y deshagan. Es demasiado grande y vieja para hacer algo que la cambie, también los años la hicieron mañosa. Es más fácil que cambie la gente. Ya ves… desde que dimos permiso para  casar hombres. ¿Te acuerdas Olivio? Tú y yo estudiamos la legislación para eso. Se nos vino una avalancha de oportunidades con los cambios de modos… hasta hay servicios de bodas especializados. Mi chamaca se puso abusada y montó uno que hoy es una industria. Tú te retiraste con  laureles a la Universidad... A mí eso me llevo a la Suprema Corte…–”. El viejo regordete sigue mascando, limpiándose el bigote amarillo, para después llevarse la tasa de expreso a los labios risueños.
   “–Ya no se parecen nada las bodas de antes de hombre y mujer, por cierto Olivio… Al principio sí, esa era la intención. La Igualdad. Querían matrimoniarse también con todas las de ley. Querían adoptar y tener familia. Ya ves, también legislamos para que pudieran ‘embarazarse’, pagando a mujeres y que el alquiler de vientres fuera como un trabajo cualquiera… Mi esposa y yo le invertimos también, para poner tres clínicas para eso. Ahí si le erramos. Empezaron a pedir que el gobierno les pagara todo el proceso y a la muchacha. Y nomás no fue negocio para nadie… Y le cambiamos el giro…–”
“–Hoy tratan de hacer todo su asunto de bodas que no se parezcan en nada a los matrimonios tradicionales, que porque ellos son diferentes. ¿Quién entiende?... Los tiempos son los que cambian Olivio… Y la gente… Lo bueno es que los muchachos que fueron alumnos han seguido mejorando el sistema y surgió esto del bienmorir, porque eso de la fertilidad nomás no funciono ni para delante ni para tras Olivio… Hoy las chamacas nada más van a una farmacia y ya. –”
El café de chinos está casi vacío y la ciudad es un espectro acuoso detrás del vidrio. Olivio Permanece en silencio concentrado en sí mismo. Las ideas son un puzle sobre la mesa que trata de ordenar para exponerlas dignamente. La turbación reposa en el respaldo del mullido diván modular junto con la gabardina que se seca.
“-Así es Olivio. Dieron en el dieciocho permiso en la Constitución y las clínicas de Eutanasia están llenas. Gracias a Dios… A pesar que todavía es mucho trámite ejercer el libre derecho. Se medio privatizaron y entonces se volvieron un ‘negociazo’ para todos y para el gobierno de la Ciudad. Viene mucha gente de fuera, hasta extranjeros Olivio… Hay una en cada Delegación Municipal. Doctores, funerarias, crematorios, notarios. Para todos funciona. Una forma productiva de utilizar las pensiones y no se queden en los bancos... Un algo de publicidad, cabildeos y décadas de difuntos y la muerte ya no es la misma… Los tiempos cambian Olivio…–”
El viejo mantenía su mirada sin ver del otro lado del cristal. Suspendido en una dimensión temporal cuyo entorno recordaba los años ochenta del siglo veinte. Atrapado como insecto prehistórico en una gota de ámbar alejado del presente.
  El otro anciano no para de hablar, pelar y comer cacahuates cuando no enciende los restos del grueso habano. Cuidando no manchar el impecable  traje de lana, que parece igual que él, un náufrago de otro tiempo. Opta por callar. Recorre la figura bien lustrada de su amigo, antiguo magistrado de la ciudad. El cabello blanco cuidadosamente arreglado, el rostro bonachón arrugado. Las relucientes mancuernillas de oro y platino haciendo juego con el pisa corbatas todo con las siglas CDMX. Un vestigio vivo de época, antes que la Gran Urbe se extendiera hasta la capital de los estados vecinos con miles de kilómetros cuadrados colonizados, sin apenas un lugar libre para respirar. Hacia arriba y abajo, con un cielo surcado de vías férreas, autopistas elevadas, tranvías automáticos y teleféricos. Una masa de concreto perforada  en sus entrañas por túneles de carreteras y extensiones del Metro. 
Este viejo conocido le es lejano. Igual que la ciudad, y este  tiempo. Imaginaba al antiguo magistrado también  perdido en el anonimato sin darse cuenta. A pesar de su identidad unida orgullosamente al  espíritu de la ciudad. Alucinado por la visión de un pasado y haber ayudado a promulgar  leyes que constituían hoy la vida de la masa urbana. Pensando que eso le ganaba vigencia en la dinámica l de la misma. La Ciudad que tritura todo para alimentarse. Sin entender que lo único que había constituido era  su propio olvido. Sin embargo ahí estaba, ufano de todo frente a él. Consolándose en sus argumentos. Flotando lentamente en el cálido y fétido vaho de levantado por la lluvia.
Los tiempos con las personas se agotan, después de  beber su esencia y el silencio exhala su término. Sucede con todos. Se miran interrogantes por un momento. Olivio gira entre sus dedos la bella pluma fuente con el grabado conmemorativo de la Universidad. Sin pensar saca el documento de su interior como única acción que queda por hacer.
“– Necesito que firmes esto.  Evítame, los tramites, perder tiempo… las palabras…–” 
El olor de la civilización abarrotada le da en el rostro al llegar a la salida, se percibe tranquilo y ligero, empujado por la inercia liberándole de la voluntad. Detrás escucha un carraspeo, un estornudo o una tos. Voltea a ver al viejo que  parece aplastado por la realidad, embarrado en el diván; limpiándose con mano temblorosa los mocos embarrados en el bigote.

San Ángel. Día 010
Mira en redondo el estudio que no le dice nada, a pesar de haber acumulado por varias décadas símbolos con la esperanza que en estos últimos tiempos  descifraran quien había sido.  Había terminado de empacar las pocas pertenencias que decidió le acompañasen los últimos días, apenas una caja.
Sin necesidad piensa como obligación enterar a una persona cercana la decisión tomada. Pero no halla por quien decidirse. Amelia su hija, siempre ocupada lidiando la vida de sus hijos en su lugar. Dos jóvenes adultos que la cultura contemporánea había lisiado, imposibilitándolos para la madurez. Conservando permanentemente los complejos adolecentes en un ciclo parasitario que devoraba sus mejores años, entre la incertidumbre y la expectativa de  un futuro que nunca era lo suficiente según el criterio de la madre.
Resignadamente fue testigo de la fosilización de su hija en el papel de necesaria que dio objetivo a su vida desde la maternidad, castrándola de otros papeles. Como esposa y mujer repudiada a los siete años de matrimonio por un hombre incapaz de compartir su autoinmolación. La profesión  un mediocre transcurrir, anteponiendo siempre su función de madre sacrificada como escudo. El empleo en la Universidad  sostenido por el prestigio y las influencias del padre.
Por vez primera, Olivio reconoce sin culpa a la mujer, semejante a un espiral de no-vida girando en el espacio, fagocitando todo a su alcance. Sin embargo la recuerda cómo lo contrario,  jovial a las puertas de la vejez; momificada en una juventud de madre primeriza. Siempre actualizada y dispuesta a dar la vida por unos cachorros ya muertos desde antes de abandonar la cuna, desangrados por mutilaciones convenientes.
Una mezcla de lastima, ternura y desprecio la ubicaban como accesorio inútil para él en estos momentos.  Fuera del panorama enfermo de dependencia emocional elegido para enfrentar la vida. Cualquier otra idea ajena a ese papel era incomprensible. Así decide no molestarla
Considera a Arturo su hijo como la opción más lamentable. Encerrado en una misantropía crónica, temeroso de cualquier interacción social  más allá de la protección segura de  un ordenador tras una barrera de conceptos pedantes  sobre sí mismo, invadido de  egoísmo. Creyendo que vivir es lo mismo que conocer tras una pantalla, lo que convierte el trato con él tan imposible como hilar una frase, sin ser interrumpido por una cuestión personal.
Por primera vez abre una ventana que nunca ha sido abierta. El viento a esta altura es helado pero no más limpio. Se recarga en el borde: los trenes automatizados sobre las avenidas ocultas cincuenta metros abajo serpentean como larvas  en todas direcciones. Piensa en el vacío y siente estremecimiento. Las explosiones intermitentes de los anuncios lastiman las pupilas. El silencio y la calma visual solo son un privilegio de pocos.

Ciudad Universitaria. Día 09
Camina lento por los andadores de las facultades, saboreando la imaginaria protección de un mundo conocido. Alumnos y docentes pasan a sin mirarle, cuando lo hacen es exasperados por su paso de anciano sin prisa. Olivio trata de reconocer en ellos la idea que lo mantuvo  cincuenta años con la vida dando vuelta en torno a  ideales de Orden, Educación y Derecho para justificar  ambiciones personales que hoy parece haber olvidado en sensación.
Ahora los pasillos abarrotados, oficinas y cubículos dentro del edificio parecen odiosos, como una colmena de moscas, sin relación alguna con lo que siente.
“–Doctor, un gusto verlo por acá. Imagino que busca a la Maestra C… Diré a la asistente que vaya a buscarla… Imagino que debe estar por salir… Es la celebración de aniversario de la Jefa de Departamento. Ya sabe, son unidas…–”.
Sonríe condescendiente. Halagado oscuramente por el nerviosismo del antiguo asistente. Hoy   autoridad en Derecho y director de la facultad: un cincuentón blanco y barbado. Más exitoso dentro de la carrera de lo que el mismo Olivio jamás fue. Pero sometido por su propia conciencia. Siempre presa de sus pasiones, bajas e idealizadas.  Paladea la turbación que provoca por la vergüenza que ata sus vidas. Cuando el entonces subordinado  fue uno de la larga lista de amantes de su esposa; creciendo al amparo profesional de ambos. Algo que Olivio  perdono desde que se enterara, solo molesto por saber sin necesidad el detalle de mal gusto. Aun siente  pena ajena al verlo incapaz de superar su consciencia y al recordarlo ‘enamorado’, descubierto por mensajes interceptados y una revelación rabiosa y vulgar de su mujer…
“–Lo siento. Dice la chica que partieron… restaurante Sh... En Reforma… Déjeme pedir que lo lleven…Un  placer verle Doctor, se ve usted muy bien… No  olvide que aquí estamos… Ojala pase a saludar más seguido... Hay algunas cuestiones que quisiera consultar, pero ya será en otro momento... Su experiencia siempre será muy útil a las nuevas generaciones…”

Paseo de la Reforma  Restaurant Sh.  19:??
Mira dentro a las personas satisfechas consigo mismas del gusto de la gula sofisticada. Se da el tiempo para no entrar hasta saber que decir. Los trenes y vehículos eléctricos se desplazan silenciosos, armonizando contrastantemente con la vejez elegante y decadente de los edificios: la misma imagen de una metrópoli cosmopolita anunciada en los hologramas turísticos en los aeropuertos.  Tantas veces estuvo aquí y solo hoy pone atención al movimiento que subyace debajo de los rieles y las autovías. En los rincones angulares de los edificios, los rostros inhumanos cubiertos de mugre, camuflados en la oscuridad oculta, en la inmediatez de los flashazos de vehículos e imágenes. Seres atrapados en la sombras, limitados por las toxicidades y la velocidad que los margina a un espacio que también los destroza. Deambulando a pie entre un mundo al cual nunca han accedido ni lo harán.
Dentro no identifica a nadie. Un mesero pide referencias. Después avisa que la mayoría de personas en la reservación no están, pero puede pasar a la mesa  desde donde alguien agita la mano en  saludo. Se despide pronto, rumbo al Bar X a la salida a Cuernavaca.
Olivio respira los últimos vapores citadinos de la tarde. La ciudad es un hervidero de luces húmedas en el tránsito y alucinaciones comerciales en vez de cielo.

22:xx pm.
Transcurren  horas hasta que la llovizna le recuerda los brazos entumecidos de estar recargado sobre el volante, aletargado. Se dirige al mirador que da a la oscuridad de un bosque privado, jaspeado por la lluvia impertinente. También se queda aquí inmóvil, mirando la nada. Sintiendo como fluye el tiempo, a veces lento, a veces rápido pero siempre exasperante desde hace días. El bar es el aparador de una fotografía bañada en luces ruidosas e intermitentes.
También  la indecisión y la vergüenza han dejo de ser una limitante. Una  apatía profunda lo hace sentir que puede acceder a cualquier sitio sin esperar nada. Camina a la barra y asiente al cantinero que le sirve cualquier cosa que no prueba. Solo permanece ahí: mirándose las manos y el pelo cano sobre el rostro cansado, reflejado detrás de las botellas.
Pensando si estar listo es estar  aburrido. Descubre que no posee mayor expectativa en la vida  que el de no verse incapacitado para ejercer la cobardía angustiante que se ha apropiado de sí. Para no convertirse en la imagen de los ojos acusadores detrás del respirador. Sin la suficiente fuerza en los miembros flacos para levantarse y desconectar las maquinas. Apenas para apretar perceptiblemente con urgencia, la misma mano que hoy el anciano aprieta con la otra. 
Los dedos marchitos giran el vaso sobre su sitio repetidamente, buscando inconscientemente que aparezca en el fondo una superstición que lo defina.
Sorbe el líquido de  golpe: “–Whiskey–”. Despierta al calor en la garganta. Ausculta el local que fue quedándose solo. En un apartado de la barra mira entre la penumbra a un hombre en los treinta, que lidia entre sus manos la figura de una mujer que se retuerce lubrica parada en medio de sus piernas, mutando ansiosa de posición. A veces rodeando el cuello del hombre, otras besándolo y ofreciendo la espalda restregando el trasero con la sexualidad de él. Mientras se susurran clichés adivinables que retumban entre el humo. 
A Olivio le parece  extraño el espectáculo donde cada uno de ellos  parece sumergido en su limbo individual. El Otro, es un pretexto material con su propio deseo y  que el alcohol cataliza. Tocándose uno a otro sin respeto de comunicación. Tratando de encontrar cada quien una posición cómoda de control, sumergidos en su propio dialogo interno. La mujer reforzando con zalamerías la imagen sensual y seductora de sí misma, excitada por  la oportunidad de reafirmarse. El otro solo respondiendo. Olivio sopesa, sabe que la mujer (su esposa) es la que lleva la iniciativa: el poder.
No deja de sentir pena ajena al mirarla contoneándose y actuando con una sexualidad optimista,   grotesca. Trata de reconocer en los rasgos estirados como látex, a la mujer  que encadeno su vida por conveniencias familiares, que dé inicio parecían ingenuas. No la encontró en los pechos dilatados por el silicón y exaltados por las prendas. Ni en la cintura descarnada por el bisturí que comprimió la inflamación de la edad. Las nalgas artificiales le parecieron penosamente desfasadas de las arrugas en el cuello manchado.
Curiosamente, poco a poco empezó a identificarse con la decrepitud, de Ella, de Ambos. Como todos los miembros de la familia intentando la resilencia al paso de la vida. “–Todos  iguales, cada quien a modo pero todos tratando de huir del sinsentido. Perdidos cada quien en su delirio particular–” 

Aguantó hasta brincar inevitablemente para salvarla de una caricaturización vulgar. “–Necesito hablar contigo–”.
Olivio mira el rostro perplejo por el escalpelo, el botox y la sorpresa de la edad que no se anuncia y sucede. Aferrado como Todos a una momificación de la vida.
Las manos delgadas y envejecidas como las de él abrazan la copa, trémulas. Permanecen silenciosamente sentados en un reservado junto al ventanal que da a la lluvia y la oscuridad. La Ciudad es un globo luminiscente consumiéndose a la distancia. Juega a imaginar que en otra dimensión y circunstancias diferentes las hubiera tomado entre las suyas para evitarles la vibración del parkinson, anunciándose con el desconcierto. O le encendería  el cigarrillo que presiona  entre los labios casi marchitos a pesar del colágeno. La flama baila insostenible frente a él. Sabe que en ese plano imaginario no sería él quien estuviese allí, así que la deja hacer perdida en su desorientación.
“–Voy a morir–” (–“quiero… debo…–”) La mujer le mira desde el estupor. Pasa un tiempo innecesario observándolo.  Parece suplicar silenciosamente ser devuelta a su realidad, sacada de la suya [otra vez, los ojos opacos por unas lágrimas cuajadas. Tratando de jalarlo hacia sí, con tal fuerza que es la anciana quien levantaba el cuerpo cadavérico de la cama hospitalaria]  busca al amante  alrededor, pero los ojos barren el vacío.
Olivio comprendió que cualquier aclaración de más es inútil.  Mira a su vez los restos de  dramatismo de su realidad  disiparse con el sonido de sus palabras. Abandona a la mujer, incapaz de ofrecerle algún rumbo o espacio…

Coyoacán   CDMX Dia 08

Los últimos días del Doctor en Derecho y Ciencias Civiles J. Olivio de La Rosa,  fueron  un discurrir desgastando los últimos residuos de la realidad propia. Planes, preparativos, visitas y cartas sin embargo fueron intentos para salvar un sentido en el cual  no creía. Cada mañana y cada noche prometía no repetirlos. Esperando  liberarse en el último momento.
Unos preparativos los llevo a cabo para darse cuenta del grito final de ayuda y recordarle inútilmente al mundo su existencia. Pero en el ajetreo de imágenes y sonidos desbordados, de la realidad común no había tiempo ni espacio posible. Todo inicio y final era un sucederse sin profundidad  para considerar el peso de una vida.
  
Dia 07
    La última  salida, compró una pequeña corona de flores blancas. Para un último homenaje a sí mismo. Camina hasta a las Fuentes de san Carlos. Se encuentra absurdo intentando establecer un vínculo con la estatua enmohecida del antepasado. Militar déspota y rancio político. Sostén de un linaje a base de corrupción y poder. Recorre su sangre a través del tiempo, encuentra la soberbia que lo ha consumido en ideas y objetivos, como un virus que solo en esta etapa languidece. Con repugnancia arroja el arreglo hacia el agua lamosa. Por unos segundos la ve flotando sostenida por la nata verde. Camino de regreso piensa en la clínica como conclusión y  refugio, fuera no hay nada más que interese. Liviano cruza por última vez el umbral de la puerta, antes de entrar al edificio, voltea a ver el paisaje de concreto entreverado y vivo, con sus artefactos silbando de resplandores efímeros. Imagina tal vez unos ojos violentos, tristes o extraviados como últimos testigos citadinos.
   
Semana
      Los últimos seis días dentro de la clínica pasaron no exentos de emociones. A veces enojado por la tardanza burocrática y las dos veces que aplazaron su turno. Al inicio era una humillación tener que cerrar al caminar la parte trasera de la bata para ocultar por pena el culo viejo. Después dejo de importarle. Solo hasta el último momento conservo los calcetines de lana como final consideración a si mismo.
A veces sentados en el viejo pasillo de la casona convertida en clínica los pacientes se animaban a una conversación superflua entre ellos, cuestionándose por las demoras y la calidad de la gelatina servida en los almuerzos. El penúltimo día sintió  hambre dolorosa, para no agobiarse recurrió por una pastilla a los enfermeros. Estornudo un poco cuando el frio del azulejo sobre la plancha enfrió su costado mientras le introducían un catéter en el ano para limpiarle los intestinos.   
El  mero día  pidió una toalla que le dieron de mala gana, se recostó sobre el frio hule azul que cubría el catre médico de acero.  Tuvo tiempo para observarse reflejado en la vitrina con el atuendo ridículo que  dejaba ver sus piernas flacas y lampiñas enfundadas en los calcetines grises. La imagen distorsionada por de las ampolletas no dejaba apreciar el cabello bien peinado y el rostro perfectamente rasurado. Un cura fastidiado se asoma a la puerta y lo aleja con un gesto, el tipo hace que sacude un hisopo de líquido imaginario y se aleja al siguiente cuarto.
El joven médico calvo entra aun sin despedir su conversación en el móvil. Salando sin recordar por nada al anciano.
El olor concentrado a cigarrillo le provoca nauseas…   

Nota del autor: El derecho a una “muerte digna” (eutanasia) fue aprobada por la asamblea constituyente  de la ciudad de México en su nueva constitución el 2018. Con el tiempo el autor especula que este derecho, como todo llegara a mexicanizarse…
   

lunes, 21 de octubre de 2019

Culiacán y su trascendencia Cultural.

      Quisiera hacer notar como apunte para el futuro, un aspecto en  los sucesos de Culiacán Sinaloa (16-10-2019) que posiblemente tendrán una trascendencia sólida en la historia del país. Aunque hoy es ignorado o aún no alcanzamos la suficiente perspectiva para poder estudiarlo efectivamente. Entre el exceso de información explicativa, apegada a intereses políticos que ofrecen lecturas parciales con la intención de escandalizar la opinión pública; sin dejar el suficiente espacio para reflexionar una lectura que sirva para reconformar los destinos de la nación.
En este momento, que todos los sujetos analíticos referentes para interpretar la realidad social con alguna proyección mediática parece que debieran estar suscritos a alguna tendencia en pro o en contra del gobierno actual y su Presidente. Fenómeno extensivo, porque el ciudadano parece estar igual inmerso en la cultura pasiva del “like” o la desaprobación, como una única posibilidad de participación política, influenciado por la efectividad de la publicidad en medios electrónico y  refrendada oficialmente cada seis años con el voto. En este México polarizado, con un gobierno como nunca controvertido que pretende al menos en teoría, trastocar el régimen vigente con sus factores y con coyunturas inéditas.
  Es el carácter Cultural del evento y sus repercusiones posibles.
  Entendiendo que hay suficiente información sobre  la llamada narco-cultura escrita desde la disección social que observa este sector de la población un tanto aisladamente del resto de la sociedad, buscando objetividad en su análisis para identificar sus modos, costumbres y productos culturales de  consumo. Reconozco seria pretencioso de mi parte algún sobreabundamiento desde esta perspectiva. También hay diversas interpretaciones dependientes del ángulo de interpretación sobre lo que es “Cultura”, para el caso práctico lo tomo más o menos, como los elementos en suma que determinan una lógica definida en el comportamiento social. Sobre todo tomando en cuenta su interacción para conformar con el resto una Integridad.
Primero, hacer notar que en esta etapa de la post-modernidad, la cultura de ciertos grupos, definidos en las circunstancias complejas de la actualidad se determina en la Inmediatez de los sucesos. Con una velocidad que los obliga a una plasticidad a veces incluso contradictoria, porque los márgenes no son definidos por tradiciones y ambientes determinados. El gran referente que los identifica y unen es el Objetivo. Más allá, cabe cualquier posibilidad. En ese lapso, entre la sucesión de factores, que modifican temporalmente la lógica de actuación de los grupos, se crea un Ambiente Psicológico, producto del suceso anterior y perdura hasta originar otro suceso y por consiguiente otra actitud practica, para afrontar otro nuevo estado de realidad social.      
  Un ejemplo reciente son varios sucesos ligados indirectamente al evento en cuestión, no solo temporalmente –ya que sucedió a escasos días–. Fue la emboscada de un convoy de la Policía Estatal de Michoacán que arrojó un saldo de trece policías muertos. Lo notable es que pertenece a una cadena constante acontecimientos durante lo que va del año y la administración federal actual; donde igual se define una nueva etapa en la condición de inseguridad y Crimen Organizado en la entidad. Que pasó de tener tres grupos delictivos identificados a poco más de veinte. En este clima, las fuerzas representantes del Estado Mexicano, han sufrido diversos atentados y vejaciones trasmitidas hasta el hartazgo en medios.
Mirándose a sí mismos incapaces de responder violentamente,– lo que en si ya es una contradicción a su naturaleza–. El empoderamiento a través de la fuerza y el poder de fuego de estos grupos sobre la Fuerza Pública del gobierno, ha sido un inevitable derivado de la controvertida política pacifista y humanitaria del Presidente López Obrador, bajo el lema popular de: “Abrazos, No Balazos”.
En el desarrollo de estos incidentes, las declaraciones públicas de parte de la oficialidad y las expresiones individuales difundidas por miembros de las fuerzas del Estado, se ha percibido desde entonces gradualmente, un endurecimiento de la postura sobre cómo debe o no, ser la reacción ante estos hechos (Que no son en sí confrontaciones armadas, sino más bien en la práctica, desmanes con tintes populares de márgenes legales difusos, desde la perspectiva Obradorista donde el uso de la violencia y la reacción armada es cuestionable). Exhibiendo negativamente a los encargados del Orden Social a  favor de la criminalidad, dando la versión de  una supuesta pusilanimidad del Gobierno. Hecho que igual ha sido fomentado en su difusión por adversarios políticos del gobierno actual para demostrar su tesis de “Estado fallido”.
   Aquí lo interesante es que el Ambiente Psicológico* dentro de las fuerzas armadas, se revela a esta pasividad que no corresponde a la naturaleza de su profesión. Y desde una cierta óptica muy extendida en la opinión  de la población mexicana, tampoco es la solución a corto plazo en el problema de la violencia generalizada producto del llamado Crimen Organizado.
[*Podemos identificar en el entorno actual que somos una sociedad de Redes Sociales. Las nuevas culturas emergentes  se tejen en por medio de ellas, en base de opiniones difundidas en consenso continuo y ayudan a crear una percepción de la realidad sobre un fenómeno especifico. Podemos decir que es a través de la tecnología de medios y dispositivos, donde se extienden estas formas de sub-cultura. Y la intensidad y carácter de la dinámica establecida entre interesados es lo que aquí defino como “Ambiente Psicológico”] 
  Esta masacre coronó la actitud pasiva de las Fuerzas del Orden y de alguna forma marco también un tope y creó inquietud en la población, reflejada en los comentarios de redes sociales, resumidas por el periodismo “amateur” de You Tube que sirve de contrapeso al golpeteo de empresas de información comerciales.  En los hechos, esto demostraba virtualmente la inviabilidad en la Política de Seguridad y desdibujaba una  Estrategia Oficial  ya de por si difusa de continuo. Además y lo más importante, restaba Solidez y Firmeza al carácter dado a las instituciones Armadas mexicanas, aumentando la percepción de inseguridad e incertidumbre en el ciudadano. 
  Así que la respuesta natural e inevitable, respecto al fenómeno social en su conjunto, se dejó venir muy pronto, al día siguiente en Iguala Guerrero. Con el saldo de catorce presuntos sicarios abatidos y solo una baja militar. Remontando esa tendencia negativa. Incluso, en su referencia López Obrador enunciaba un carácter heroico casi épico al hecho del soldado muerto, que a su vez elimino a un número superior de enemigos. 
Sin contradecir, como señaló el Presidente después de este nuevo suceso armado: “…no se trata de diente por diente y ojo por ojo” , citando la Ley del Talión judío.  Y sin insinuar aquí que hubo una orden tacita o implícita para actuar de forma más agresiva. Me parece que  la lectura oficial, de medios y Gobierno se pasa por alto el factor humano, sus dinámicas de comunicación y ordenamiento de la conducta que trascienden las normas institucionales. Aun más,  fallan tratando de ubicar a la sociedad como una interacción de fenómenos inmutables como los intereses políticos y sus objetivos. A pesar que vivimos en la actualidad el producto de estas contingencias y la complicación de las problemáticas obedecen a una mala traducción  de sus complejidades en los términos fáciles de la política.
En un periodo de tiempo breve, regresa la autoconfianza dentro de las Instituciones encargadas de cumplir la ley mexicana. Se puede sondear precisamente en los medios de comunicación en todos sus niveles. Las sensaciones de efectividad y profesionalismo apocadas por el proceso de adaptación al clima político, impulsadas inevitablemente por la Necesidad.  El Estado y sus Instituciones poseen la capacidad de responder a las necesidades que exige el país, parece ser el espíritu en las noticias y comunicados.  Ese es el carácter del Ambiente Psicológico dentro y fuera de las instituciones, además que es la expectativa social que carga de fe y certeza la opinión pública.
En cierto aspecto, esta teoría es en algo necesaria para explicar el desplante de autosuficiencia que desencadeno los sucesos de Culiacán Sinaloa, donde las fuerzas del orden detuvieron a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo Guzmán. Personaje narcotraficante que ha sido de una importancia mediática trascendental con repercusiones políticas, sociales y económicas en gran parte del hemisferio, principalmente México y Estados Unidos.
Ejercer en plena capacidad efectivamente el Poder de la Ley a la cual se representa, Es, Era y Será por un tiempo el gran dilema de las Fuerzas Armadas en su labor de garante de la seguridad mexicana, hasta que hechos como el de Culiacán forjen su Identidad en esta labor de contacto directo con la realidad social.  ¿Se es la Ley que se representa? ¿En qué términos? ¿Existe la capacidad de discernimiento y toma de decisiones en el margen no solo institucional de las fuerzas castrenses, condicionadas en una educación de obediencia?
Por el momento solo la prueba y error irán formando el papel de las Fuerzas Armadas, que no por decreto oficial o denostación política definirá su eficacia.
Hasta aquí es necesaria la citación de los eventos como ejemplo. Hacer una recitación de los hechos consiguientes es un tanto absurdo y no es la intención del texto.

II  
Iniciare diciendo que la Narco Cultura, como aquí se da a entender es el pensamiento de las personas dedicadas al tráfico de drogas al servicio de un “cartel” u organización criminal que trasciende la actividad delictiva y es lo común en regiones enteras del país.  En especial el llamado Cartel de Sinaloa (CDS)  es emblema y modelo cultural de lo que es el narcotráfico y su cultura.
Y se ha movido tradicionalmente de un Ambiente Psicológico,  dentro de los márgenes de la  Clandestinidad e Ilegalidad, que ha determinado  su identidad  –tal vez de ahí ciertos tintes de ostentación y estridencia en sus modos y costumbres–. Se hereda de la tradición del bandidaje rural, un secretismo a voces en la sociedad. Para el Gobierno algo que existe pero se niega en todo sentido. Antítesis de lo socialmente permitido.
Los sucesos de Culiacán han modificado este ambiente psicológico de marginalidad, a una aceptación abierta que los coloca como un Movimiento Social Legitimo.
El Gobierno mexicano ha elevado irremediablemente, el estatus político del CDS, al dotarle de un poder de negociación y dialogo con el Estado que se repite en pequeñas dosis de interlocución en estos días subsecuentes. Aunado además a cierto apoyo popular de base localmente y alguna aprobación de la población general durante el breve conflicto. [No es la primera vez que sucede eso en el país, a pesar que ha sucedido en el antecedente inmediato del fenómeno del narcotráfico que es la Colombia de Pablo Escobar; en México  ya sucedió con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la década de los noventa del siglo xx.]
Con esto, es interminable en internet el material que da testimonio a una cierta normalización de la actividad delictiva en un amplio sector marginado socialmente de la población que celebra y hoy ve en el desarrollo de lo sucedido una Reivindicación de un modelo aspiracional que se reconoce como viable y es, peligrosamente el de más inmediato alcance en su entorno. 
Es innegable que gran parte de la población en México engrosa las filas de la delincuencia organizada y en el imaginario mexicano se trastocan las causas con la finalidad de encontrar una solución desde cada postura y así llevamos décadas acompañando el desarrollo del fenómeno. Este gran número de habitantes mayormente jóvenes, son para todos, víctimas colaterales de la problemática acumulada por una multiplicidad de factores históricos negativos.
Pero en todo esto con hay una constante: es una etapa Temporal en la historia del país, siempre en tránsito al México que somos pero no nos dejan ser. Establecer culturalmente un reconocimiento a una expresión que de hecho debe ser combatida en cualquier manifestación discursiva es un despropósito. Así sea por omisión, esto perpetua aún más la espiral de degradación social que representa la narco cultura.
Siempre he manifestado desde mi particular postura la necesidad de crear, fomentar y dirigir aspectos culturales en la población marginal, rediseñando los productos de consumo cultural. Tomando en cuenta que es la información la que crea la Identidad Cultural de los individuos.
En lo práctico es la actividad o la falta de esta y se genera desde el epicentro de las actividades del Gobierno, la información que condiciona la vida de los mexicanos. Esta vez ha ofrecido una pauta difícilmente reversible al legitimar en los hechos y en imaginario colectivo a un grupo delincuencial convirtiéndoles en Sujeto Social.
Tal vez, la mía  no sea una idea tan diferente como la que se manifiesta en el pensamiento del Presidente López Obrador. Él también desde la Moralización de la sociedad, basada en retomar principios y valores familiares tradicionales de orientación indigenista, apuesta a una re-orientación cultural. Aunque pasa por alto ciertos factores que hacen parecer al menos lento, si no anacrónico su planteamiento del problema. Desde mi perspectiva, creo que la Re-educación cultural de los jóvenes crea nuevas expectativas para generar nuevas ideas y por lo tanto nuevos futuros dentro de un ambiente social favorable, sería más eficiente que apelar a la conciencia moral de quienes no han tenido los suficientes arraigos familiares que faciliten los valores tradicionales.
Pero en suma ambas y más perspectivas coinciden en un viraje cultural. Sin embargo, el Ambiente Psicológico que se ha generado a partir de los hechos en Culiacán Sinaloa ha sacado de la marginación una actitud social que no merecía un reconocimiento.

III

A modo de epilogo quiero anticipar que me parece en extremo peligroso suponer, dado la ignorancia sobre la naturaleza del fenómeno del Crimen Organizado como manifestación Cultural,  que parece prevalecer en la visión del gobierno de López Obrador. Que esta reacción ante un fenómeno impredecible sea de alguna forma adecuada y represente una estrategia en sí misma.
Desde el inicio de esta nueva etapa de la vida nacional, el ahora presidente López Obrador aproximaba su visión en el tratamiento del problema, utilizando términos legales como Absolución, Perdón o Armisticio. Para lo cual, establecer la figura de Sujeto Social en una organización criminal me parece cuando menos arriesgado. Y con estos sucesos de Culiacán Sinaloa se ha dado el primer paso de una negociación, que parece de entrada demasiado ingenua y no se corresponde a los antecedentes históricos que tenemos, incluso con Colombia. Ya que las FARC y los Grupos Paramilitares a pesar de sus nexos con el tráfico de drogas obedecían oficialmente a demandas populares que sirvieron de puente de dialogo. No así sucedió con los demás carteles de la droga cuyo único objetivo era el enriquecimiento a través del tráfico.
La situación de los Carteles de droga y demás organizaciones criminales en México, obedece a factores de pobreza y falta de oportunidades en amplias regiones del país. Así lo escribirá la Historia y sirve para el manejo conceptual. Pero como demanda a cubrir y justificación política de la violencia, solo está en el pensamiento Lopezobradorista. Y por mucha gestión política, buena fe o capacidad intelectual, no significa que estos motivos vayan a permear como razón en la mentalidad de quien ahora se dedica a la delincuencia. Definitivamente no son sus demandas y  ser cubiertas unilateralmente no evitara un retorno a la legitimidad como forma de vida.
Desde mi perspectiva parece que se ha creado con esto una complejidad innecesaria que contradictoriamente aplazara la resolución de conflictos y con ello la disminución del número de víctimas colaterales  a corto, largo y mediano plazo.
Sin embargo, solo el tiempo define nuestro futuro…







 

    

martes, 8 de octubre de 2019

El Guasón...

Poco se puede aportar como comentario a la película del Guason, Monumental incluso en la mercadotecnia diría yo. El calificativo  se redefine en esta época que la pantalla verde permite cualquier exceso. La cinta es de una facturación milimétricamente diseñada en todos sus aspectos, a los que la actuación de Joaquín Phoenix remata magistralmente.
Si bien no se puede definir como una joya, ya que la rareza original es un requisito obligado en las cintas designadas como tal. Es un producto perfecto.
El nombre de Scorsese y Taxi Drive (ahora sí, una gema de la más alta calidad) se ven plenamente explicados y justificados, tanto por la fotografía similar, como por la construcción de la psicología del personaje de Phoenix que parece partir de una continuidad y desarrollo de Travis (personaje de Scorsese).
Me parece es una hermosa y genial Ucronia. Termino para llamar a una supuesta historia alterna, donde el hubiera nos obliga a una nueva reflexión en la lógica de historia original.
El Guasón o Arthur Fleck  "hubiera" sido la versión del personaje de Scorsese si este tuviese que nacer en Ciudad Gótica y fuera un personaje de cómic.
Por cierto, hablar de esta historia inscrita a un "universo alterno" como nombran los fans del comic fue una estrategia publicitaria efectiva pero irreal. Las posibilidades del personaje de de Phoenix se mueven eficazmente en la escencia del personaje gracias a ese marco. Igualmente por esa razón, no parece haber una contradicción con la interpretación de Heath Ledger y la versión de Nolan. Aquí de ve una génesis lenta y dolorosa, en aquella el Joker es una demoledora y maquiavélica fuerza de la naturaleza.
El tratamiento de Todd Phillips sin duda marcará un antes y después en la forma en que se puede sumergir en la profundidad de los personajes y las historias, acercándonos a la naturaleza intuida en los cómic. Sería estupendo ver un tratamiento así aplicado a la personalidad de Batman, un héroe al cual en una constante de la historia original la locura acecha, dividida por una delgada línea ética...