Por Alejandro Torres Tenorio.
(Este texto es seguimiento al escrito el día primero de enero 2022. Donde se anticipa de algún modo, la crisis del conflicto ruso-ucraniano como una continuidad a un nuevo orden político y económico que se gestiona. Sustentado en una percepción de crisis social permanente. Link al final.)
También, en base a su relevancia actual tocamos el tema de los medios de información como la principal herramienta para globalizar un estado de ansiedad social generalizada desde la pandemia y en esta guerra.
Muchas personas de a pie, consumidores de información en todo el mundo sufren las consecuencias económicas y emocionales ante el riesgo de una improbable de una guerra nuclear (otro peligro inminente para humanidad, igual que un virus.) Otras tantas, son víctimas directas de la estrategia.
“…Esta guerra son varias guerras, económica, territorial, influencia política, energética” (y muchos etcéteras). Sintetizo en una frase lo repetido en las opiniones de varios medios internacionales al respecto.
A pesar que de sugerirse una complejidad irresoluble Si existe una generalización rotunda en la postura de los análisis del conflicto por parte de los medios y los discursos políticos. Principalmente por la omisión de una característica humanitaria. Cualquier persona solo es un espectador de una lucha de poder, detrás de una pantalla. Indefenso ante la amenaza de una bala, una bomba nuclear o la inflación económica. Se establece la ansiedad social
El fenómeno se está analizando desde una multitud de perspectivas donde prevalece un lenguaje conceptual y despersonalizado. No se busca la empatía que movilice a evitar a otros, el daño a personas.
Se habla sobre las afectaciones entre los países, cambio en índices económicos, datos temporales y geográficos del despliegue de tropas, del porqué de las razones políticas para la invasión militar directa de parte de uno e indirecta de los otros. Se analiza la historia, ideologías, biografías, fechas y las posibles consecuencias. Coincidencias y desencuentros de personajes filiales a los adversarios. Se sopesan armamentos. Cambios “importantes” en alguna actividad comercial, diplomática o deportiva.
En Rusia, Ucrania y el mundo occidental, la información sobre esta guerra no se utiliza para prever, si no solo como propaganda belicista.
El ser humano como principal elemento de la sociedad, se ha diluido en esta nueva era del neoliberalismo iniciada desde la pandemia. Primero se le hace vulnerable y hoy desaparece.
Pero solo del papel de protagonista activo (también los valores esenciales de la democracia se ven afectados), porque una moral impuesta por los nuevos estándares, nos obliga tener una opinión al respecto del tema, adquirida o personalizada de entre una variedad que se resume en dos opciones: elegir un bando ruso o norteamericano (a través de Ucrania). El instinto de sobrevivencia es quien exige una postura, tratando de discernir las probabilidades de peligro. Pero este es ineludible, ya que el abanico de consecuencias negativas se extiende hasta un horizonte futuro indefinido. El 60% de los rusos, teme hoy más a una guerra que a la pandemia, y este cambio es generado por el solo cambio de perspectiva de los medios.
Esta es la esencia del nuevo régimen.
Pero como tal sigue normas y estructuras, se rige por herramientas y objetivos específicos. Identificables en el movimiento cada vez más masivo de capitales económicos. La concentración de la riqueza se ha agudizado y por tanto, se reduce la capacidad de diversificación en los intereses de quienes acumulan o se benefician de los fenómenos sociales. Aunque hoy día, los Fondos de Inversión son quienes manejan la economía mundial, su acaparamiento e influencia global sobre los recursos; hacen visible su lógica de acción.
El análisis de la economía mundial, el estudio en la vocación de los capitales y su relación con la geopolítica, deberían hacer previsible el rumbo de la sociedad humana. Al final, la Economía, es la única ciencia humana planificable. Por eso hablamos de que se trata de un proyecto estratégico.
Sin embargo, aquí es donde entran los medios de comunicación como herramienta de propaganda disfrazada de información (des-). Los datos sobre la realidad se fabrican o interpretan contradictoriamente, sin llegar a anularse o establecer por resumen una versión acertada. El ruido informativo pierde entre sesgos la credibilidad en la predicción económica y social.
Es más, se ha introducido el concepto de ‘Conspiración’ en internet, para invalidar una crítica a proyectos de ingeniería social basados en la economía, a pesar de utilizar los mismos datos cuantificables de su planeación.
En este caso de conflicto bélico, tanto Ucrania, Rusia y EEUU, han hecho un uso indiscriminado de propaganda oficial contradictoria, sobre evitar la confrontación y por otra parte publicitar que se encuentran preparados para la guerra, dirigiendo contingentes hacia el punto de conflicto. Se anuncian conversaciones para llegar a un acuerdo de no agresión, pero la disonancia de temas de interés e interlocutores –como la ignorancia tal vez premeditada, de la ministra de asuntos exteriores de Inglaterra sobre la ubicación geográfica y naturaleza del conflicto–, convierten todo en una farsa. Evento de medios.
La ciudadanía de todos los países y regiones involucradas en el conflicto, ha sido bombardeada ingentemente los últimos años por este tipo de información desde hace seis años aproximadamente.
En Rusia, la represión oficial de la opinión pública, opositores políticos, manifestantes y el control de los medios de información, además del nivel de pobreza estancado en el cercano 20% de la población, según datos oficiales. Ha dejado sin la voluntad de voz a la población y a merced del discurso nacionalista de Putin. Para ellos, la guerra es inminente porque occidente es el enemigo que quiere invadir la Federación Rusa.
Cabe notar que al iniciar este ciclo de un nuevo régimen mundial, basado en la ansiedad social, el aparato de propaganda se decantó primero por la negación de la pandemia, después ya asimilado el fenómeno de la relación política-económica-informativa-control social aplicada en Europa y Asia Oriental, potencializo su propia versión según su capacidad e intereses.
Sucede similar en Ucrania, una elite sostiene el movimiento derechista filonazi, que ha alcanzado peso social, no por la aceptación extendida de su discurso. Sino por la virulencia de un mensaje amplificado desde la oligarquía que controla el gobierno y los medios.
En occidente pasa lo mismo, desde la última década, la crisis de migrantes provenientes de medio oriente y países musulmanes de áfrica, pauperizó la vida de las ciudades europeas, transformando el estado de bienestar generalizado a una economía basada en la polarización de la desigualdad. Similar a la estructura de la sociedad norteamericana. Desde estos puntos se explica la efervescencia de los nacionalismos de extrema derecha en ambas latitudes. Cuya estrategia organizativa de medios, con diferencias localistas ha sido adoptada por los interesados en Ucrania.
Es sabido que Estados Unidos ha visto decrecer su hegemonía, mientras la influencia geopolítica de Rusia y la económica de China aumentaron las últimas dos décadas. El interés en aplicar un régimen de “crisis perpetuada” le ofrece la oportunidad de limitar a través de sanciones conservar áreas de influencia. Económica y políticamente esta guerra se proyectaba por estas razones como una consecuencia estratégica. Artículos y estudios especializados lo anticipaban. La Guerra con Ucrania esperaba su momento pero ya era anunciada.
Este punto también fue el quiebre de los postulados de libre competencia del neoliberalismo y la globalización económica, han dejado de ser funcionales y surge la necesidad de un nuevo ciclo en el acaparamiento de recursos. Según las reglas del capitalismo, la variedad de competidores beneficia al consumidor, esto trae bienestar y desarrollo humano. Pero reduce las ganancias.
En el anterior texto mencionaba como la pandemia formalizo a través de rescates del gobierno a los bancos y estos a la vez invertían con ello en fondos de inversión, duplicando su valía y con esto se establecía un nuevo modelo de extracción económica de los ciudadanos, que con sus recursos financiaban a las instituciones bancarias y de inversión. Y a su vez, estas creaban conglomerados corporativos sin rival de competencia para las empresas regionales.
En este periodo la riqueza y la concentración de capital, crecieron desmedidamente. Utilizando la economía de crisis.
Después de la caída del proyecto comunista que influyo en la transformación de la perspectiva social y económica de Rusia y China. Hubo un impulso el crecimiento de las democracias de nuevo cuño –excluyendo a esta última nación– que solo adopto el sistema económico capitalista, conservando su régimen autoritario. Y este, de alguna forma ha servido de modelo para adelantar aspectos similares de control de la población de este nuevo régimen en Europa durante la pandemia y en otras partes del mundo. Esperando equivocarme, parece que nos acercamos a una globalización de este sistema.
Desde los medios, solo se visibiliza a las personas habitantes de los lugares en conflicto, cuando el número de víctimas, muertos y desplazados favorece una tal o cual postura. Esa es la salida del anonimato. Por lo demás son invisibilizados. Habitantes de las zonas de conflicto o de cualquier otra parte vemos la guerra y sus causas por una pantalla esperando las consecuencias.
La violencia funciona como un estado represivo. Así lo hemos aprendido en México, a pesar de los intentos democráticos.
Existimos cuando el gobernante en turno se abandera retóricamente con la población. Ahí, el “Pueblo” se convierte en abstracto. Votantes fuerza de producción o simples pies vagabundos sin derecho al suelo y sus recursos.
En un conflicto armado, son los intereses en disputa y las fuerzas político-económicas que empujan, son los protagonistas. Las personas solo daños colaterales.
La dinámica funciona más o menos igual en Ucrania, Rusia, EEUU y demás miembros de la OTAN y en general en todo el mundo. Incluso, la denominación por países, empieza a carecer de sentido porque detrás la democracia le pertenece a los intereses de oligarquías locales y regionales, que se expanden, mezclan y contraponen sus propios intereses, a veces variables contradictoriamente de un lugar a otro.
En México, observamos y nos indignamos cuando estas fuerzas atacan con propaganda el actual gobierno, que a pesar de sus disfunciones e ideología criticable, es legítimo. Y en el mundo un oasis –tal vez fortuito–, de una democracia que perece…