Teoloyucan 5:38am...
Caminar al amanecer por mi pueblo, mientras la mayoría duerme y la oscuridad se disuelve en neblina es un acto íntimo de reencuentro. Según creo, porque habitamos más en la memoria, en los momentos retenidos, los lugares pasados y lo que recordamos que fuimos.
Existimos aquí, aún sobre la inmediatez y las sensaciones efímeras del egoísmo cotidiano.
Dónde el tiempo y la realidad se deslizan como un sueño por encima del empedrado húmedo, acompañados por el trinar de los pájaros chillones ocultos en las ramas de los árboles; intuyendose en sombras.
Una vida profunda conjurada por el golpe de las campanas de la primera misa.
Por fin me reconozco de nuevo, como el niño que siento, en los ancianos que se perfilan pequeños entre la bruma con sus sombreros y sus rebozos, sus bicicletas y las bolsas dónde acarrean el mandado y los litros de leche para sus hogares, con el manojo atado de alfalfa para sus animales; siempre seguidos o guiados por sus perros nahuales de narices húmedas y ojos sabios.
Siento amor al verles, cómo debo amar mi pasado por lo que soy, sea quien yo sea. Porque entre la penumbra, reminiscencia o realidad son un destello de resistencia de todo lo que entiendo como bueno. Reliquia viva de mi pasado, tallados en tierra y arrugas.
Me siento contento pasar a su lado, saludar la bendición del buenos días y ser bendecido a la vez. Porque con esto, afirmo que existo y lo que creo ya no es una ilusión autoinflingida sino una Verdad.
En estos momentos me siento vivo y afortunado de aspirar el aire frío donde aún percibo el espíritu de todos Nosotros los que pasaron y construyeron los muros que hoy toco para comunicarme con ellos. Siento la fé, que es mi patrimonio futuro.
A pesar de la polusión ambiental y la pestilencia de los ríos convertidos en drenajes industriales. Me siento agradecido porque aún puedo ver su claridad pasada con no sé que ojos y escuchar el tintineo de aquella agua, las risas de las mujeres lavando ropa, por sobre el ruido del motor de los tráilers y claxons.
Agradecido, mientras deambulo entre los obreros y oficinistas desenfrenados por la prisa, rumbo a su trabajo. Contemplo cómo si yo estuviera en una dimensión alterna. Me percibo etéreo y tal vez sea está la verdadera trascendencia, la verdadera espiritualidad, el vivir para siempre sobrepasando
mi propia temporalidad...
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