jueves, 22 de junio de 2017

La rebelion de los ingenuos


La Rebelión de los Ingenuos.

(Kumamoto, Aristegui, Andrés Manuel y los que vienen…)

Hace meses no escribo textos incómodos, resignado a la gente que solo lee para confirmar su punto de vista. Sin embargo es una forma de retar mi propia perspectiva, de no conformarme, saber que puedo pensar más allá de la masa mientras exploro ideas que den coherencia y salida a esta realidad.

En el flujo de información política, es irritante y penoso observar a la “Oposición” del gobierno caer en la simpleza inocente que descubre aterrada y escandalizada -cada cierto tiempo-, la maldad subyacente en el sistema. Me hace pensar que carecen de experiencia, o bien “la juegan de loco” porque necesitan ese monstruo que reafirme su postura ante la sociedad actual y su contexto.

Alegando con un intelectual de Morena (en el sentido más coloquial, ya que “dialogar” o “debatir” con un militante izquierdista en campaña política es imposible.) que citaba el caso Ayotzinapa y la “muerte por desaparición” (buen titulo) de los 43 normalistas como ejemplo emblemático de la descomposición del sistema. Utilizando retorica comunista, propia de la guerra sucia en el México de los setentas y ochentas: “fue el estado”, “desapariciones forzadas”, “Dictadura”, “represión estudiantil”, “aparatos de represión” y demás etcéteras, para definir el transcurso y razón de los sucesos.

Términos que dibujan todo un esquema que no ilustra la situación actual que provocan estos fenómenos: Crimen organizado fuera, dentro y desde los gobiernos de los tres niveles. Corrupción política. Narcotráfico y en fin, lo que todos percibimos diariamente.

Mi argumento es que utilizar hoy esta retorica es anacrónico e inexacto. Es igual que mentir y auto engañarse. Es desinformar y sirve  solo para proyectar las expectativas frustradas (pero bien “adoctrinadas”) de las generaciones que forman la “Izquierda Oficial”.

Lo importante es que esa actitud cultural trasciende hacia las formas nuevas con que especificamos la ineficiencia en la política de este país. Es crear un enemigo a modo, un oponente monolítico que no exige el cambio de ideas y postura, que respeta nuestras limitaciones y  asegura su permanencia cuasi-paternal como un cómodo culpable que eterniza nuestro papel de victimas-héroes en vías de redención. Una figura necesaria.

Por ello me causa algo ambiguo ver a Carmen Aristegui reaccionando solo por instinto maternal al espionaje electrónico del gobierno. Obvio que ella es la mayor critica y enemiga directa del presidente (lo que se ha demostrado). Y como marca el manual, debe de vigilarse. Es lo “ético” en una guerra o confrontación. La era digital y masificación de las comunicaciones han planteado desde el inicio, como antítesis de sus beneficios el espionaje electrónico y manipulación como forma de control social. ¡Claro que hay antecedentes!, se usa como tópico trillado en la ficción del s.XXI, es legal incluso y al alcance comercial de todos por internet. Si es moralmente aceptable, no creo que le importe a nadie. Es parte del ejercicio político el día de hoy en todas partes. Es el juego.

Algo parecido con López Obrador. Independientemente de su calidad moral como persona y su honestidad (los que dudan públicamente de ello solo demuestran una necedad pagada). La inteligencia de su actuar -a pesar de buena voluntad- y la candidez de su discurso son tremendamente sospechosos. Pretende reformar el sistema desde dentro sin conocerlo, sus definiciones del mismo lo delatan. Apuesta por una estructura política-partidista que está más que desahuciada. Cree que al utilizar con  buena fe los usos y costumbres de la política mexicana para negociar, puede reconstruir la integridad (utópica) del Estado Mexicano.

Igual Kumamoto, por la inexperiencia se rasga las vestiduras al mirar sin repercusión su propuesta de recortar los subsidios a los partidos políticos (una brillante idea de ‘milenial’). Lo cual deberían aprobar los mismos partidos en el Congreso (¡Cosita!). No se da cuenta que con esto delinea a futuro sus propios límites políticos. El caso de Aristegui traza un horizonte de verdad para ambos: El Estado no puede Auto-investigarse, Auto-juzgarse y obviamente Auto-castigarse. Una indignación retrasada.



(¿En serio creerán que regañando y exponiendo a todo el poder político pueden hacerlo rectificar el rumbo?

Espero que no, y que sea su estrategia de medios. Me sentiría desilusionado de la pobreza en malicia.)

La crítica situación del país amerita crear un nuevo andamiaje de conceptos para acceder a la realidad. Un lenguaje nuevo para describirla. Nuevas conjugaciones de elementos que nos permitan hacer operaciones que tengan repercusión en el futuro. Pensar como ejemplo el término antiguo de Estado-Nación y que a la luz de la globalización económica hace ficticias las fronteras físicas. Los factores sociales- económicos de México hoy no solo dependen del gobierno local y sus actores, obedecen mayormente a una planificación de intereses políticos internacionales y poderes lejanos en nuestro panorama que no afectamos con votaciones y buenas intenciones.

Ya no hay lugar para nuestra propia moral cuando los valores que la formaron han mutado drástica y definitivamente. El mundo cambia cada instante y sobreponerse a la incertidumbre de la inmediatez parece ser el valor más cotizado. La sensibilidad con que definimos la humanidad del hombre se vuelve el punto flaco de nuestra existencia. Tener razón no sirve si no proveemos un método de aplicación a nuestra verdad  que la haga viable. 

La cultura de Internet y redes sociales ha relativizado todo, cada quien tiene su propio espacio virtual donde recrea su propio avatar, elige los valores que constituyen esa realidad y por  tanto la hace más atractiva y dominable, sin duda es una mejor versión de uno mismo y del mundo. El problema es pensar que en la Realidad-real las reglas son las mismas y podemos ser selectivos, que hay cosas que nos afectan y otras no, que podemos solo aplicar la misma soberbia autosuficiente para ignorar lo que no nos gusta y darle like a lo que aceptamos en nuestra vida. Olvidamos que aquí no podemos trazar la lógica más conveniente. La que respeta nuestro Confort.

Adquirir la responsabilidad social de representar al pueblo incluso para traducirle los símbolos de la actualidades es tener la intención de llamar las cosas por su nombre aunque sea incomodo y nos situé en la incomprensión, fuera de la colectividad conservadora. Dar ese nombre, aunque sea políticamente incorrecto utilizando términos nuevos. Admitir que se tiene que inventar-aprender un lenguaje para ello. Olvidando el idioma y las barreras mentales con que aprendimos a nombrar los objetos. Resignarse que al pronunciar el nombre nuevo las cosas se transforman o desaparecen y nuestros conceptos ya son obsoletos de nuevo…

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