La Rebelión de los
Ingenuos.
(Kumamoto, Aristegui,
Andrés Manuel y los que vienen…)
Hace meses no escribo
textos incómodos, resignado a la gente que solo lee para confirmar su punto de
vista. Sin embargo es una forma de retar mi propia perspectiva, de no
conformarme, saber que puedo pensar más allá de la masa mientras exploro ideas
que den coherencia y salida a esta realidad.
En el flujo de
información política, es irritante y penoso observar a la “Oposición” del gobierno
caer en la simpleza inocente que descubre aterrada y escandalizada -cada cierto
tiempo-, la maldad subyacente en el sistema. Me hace pensar que carecen de
experiencia, o bien “la juegan de loco” porque necesitan ese monstruo que
reafirme su postura ante la sociedad actual y su contexto.
Alegando con un
intelectual de Morena (en el sentido más coloquial, ya que “dialogar” o
“debatir” con un militante izquierdista en campaña política es imposible.) que
citaba el caso Ayotzinapa y la “muerte por desaparición” (buen titulo) de los
43 normalistas como ejemplo emblemático de la descomposición del sistema.
Utilizando retorica comunista, propia de la guerra sucia en el México de los
setentas y ochentas: “fue el estado”, “desapariciones forzadas”, “Dictadura”, “represión
estudiantil”, “aparatos de represión” y demás etcéteras, para definir el
transcurso y razón de los sucesos.
Términos que dibujan todo
un esquema que no ilustra la situación actual que provocan estos fenómenos:
Crimen organizado fuera, dentro y desde los gobiernos de los tres niveles. Corrupción
política. Narcotráfico y en fin, lo que todos percibimos diariamente.
Mi argumento es que
utilizar hoy esta retorica es anacrónico e inexacto. Es igual que mentir y auto
engañarse. Es desinformar y sirve solo para
proyectar las expectativas frustradas (pero bien “adoctrinadas”) de las
generaciones que forman la “Izquierda Oficial”.
Lo importante es que esa
actitud cultural trasciende hacia las formas nuevas con que especificamos la
ineficiencia en la política de este país. Es crear un enemigo a modo, un
oponente monolítico que no exige el cambio de ideas y postura, que respeta nuestras
limitaciones y asegura su permanencia
cuasi-paternal como un cómodo culpable que eterniza nuestro papel de
victimas-héroes en vías de redención. Una figura necesaria.
Por ello me causa algo
ambiguo ver a Carmen Aristegui reaccionando solo por instinto maternal al
espionaje electrónico del gobierno. Obvio que ella es la mayor critica y
enemiga directa del presidente (lo que se ha demostrado). Y como marca el
manual, debe de vigilarse. Es lo “ético” en una guerra o confrontación. La era
digital y masificación de las comunicaciones han planteado desde el inicio,
como antítesis de sus beneficios el espionaje electrónico y manipulación como
forma de control social. ¡Claro que hay antecedentes!, se usa como tópico
trillado en la ficción del s.XXI, es legal incluso y al alcance comercial de
todos por internet. Si es moralmente aceptable, no creo que le importe a nadie.
Es parte del ejercicio político el día de hoy en todas partes. Es el juego.
Algo parecido con López
Obrador. Independientemente de su calidad moral como persona y su honestidad (los
que dudan públicamente de ello solo demuestran una necedad pagada). La
inteligencia de su actuar -a pesar de buena voluntad- y la candidez de su
discurso son tremendamente sospechosos. Pretende reformar el sistema desde
dentro sin conocerlo, sus definiciones del mismo lo delatan. Apuesta por una
estructura política-partidista que está más que desahuciada. Cree que al
utilizar con buena fe los usos y
costumbres de la política mexicana para negociar, puede reconstruir la
integridad (utópica) del Estado Mexicano.
Igual Kumamoto, por la inexperiencia
se rasga las vestiduras al mirar sin repercusión su propuesta de recortar los
subsidios a los partidos políticos (una brillante idea de ‘milenial’). Lo cual
deberían aprobar los mismos partidos en el Congreso (¡Cosita!). No se da cuenta
que con esto delinea a futuro sus propios límites políticos. El caso de
Aristegui traza un horizonte de verdad para ambos: El Estado no puede
Auto-investigarse, Auto-juzgarse y obviamente Auto-castigarse. Una indignación
retrasada.
(¿En serio creerán que
regañando y exponiendo a todo el poder político pueden hacerlo rectificar el
rumbo?
Espero que no, y que sea su
estrategia de medios. Me sentiría desilusionado de la pobreza en malicia.)
La crítica situación del
país amerita crear un nuevo andamiaje de conceptos para acceder a la realidad. Un
lenguaje nuevo para describirla. Nuevas conjugaciones de elementos que nos
permitan hacer operaciones que tengan repercusión en el futuro. Pensar como
ejemplo el término antiguo de Estado-Nación y que a la luz de la globalización
económica hace ficticias las fronteras físicas. Los factores sociales-
económicos de México hoy no solo dependen del gobierno local y sus actores,
obedecen mayormente a una planificación de intereses políticos internacionales y
poderes lejanos en nuestro panorama que no afectamos con votaciones y buenas
intenciones.
Ya no hay lugar para
nuestra propia moral cuando los valores que la formaron han mutado drástica y
definitivamente. El mundo cambia cada instante y sobreponerse a la incertidumbre
de la inmediatez parece ser el valor más cotizado. La sensibilidad con que
definimos la humanidad del hombre se vuelve el punto flaco de nuestra
existencia. Tener razón no sirve si no proveemos un método de aplicación a
nuestra verdad que la haga viable.
La cultura de Internet y
redes sociales ha relativizado todo, cada quien tiene su propio espacio virtual
donde recrea su propio avatar, elige los valores que constituyen esa realidad y
por tanto la hace más atractiva y
dominable, sin duda es una mejor versión de uno mismo y del mundo. El problema
es pensar que en la Realidad-real las reglas son las mismas y podemos ser
selectivos, que hay cosas que nos afectan y otras no, que podemos solo aplicar
la misma soberbia autosuficiente para ignorar lo que no nos gusta y darle like
a lo que aceptamos en nuestra vida. Olvidamos que aquí no podemos trazar la
lógica más conveniente. La que respeta nuestro Confort.
Adquirir la
responsabilidad social de representar al pueblo incluso para traducirle los
símbolos de la actualidades es tener la intención de llamar las cosas por su
nombre aunque sea incomodo y nos situé en la incomprensión, fuera de la
colectividad conservadora. Dar ese nombre, aunque sea políticamente incorrecto
utilizando términos nuevos. Admitir que se tiene que inventar-aprender un
lenguaje para ello. Olvidando el idioma y las barreras mentales con que
aprendimos a nombrar los objetos. Resignarse que al pronunciar el nombre nuevo
las cosas se transforman o desaparecen y nuestros conceptos ya son obsoletos de
nuevo…
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