viernes, 7 de junio de 2019

Bullying. Una farsa autoimpuesta.

Encuentro un comentario de una amiga en redes sociales utilizando con pasmosa seguridad el termino Bullyng como verbo, para hacer referencia a una hipotética situación de burla por vestimenta a un grupo de estudiantes; a raíz de una noticia controversial en redes sociales. Así mismo recuerdo anteriormente la odiosa expresión de un chico de doce años acusando que su profesora “lo bulea”, tomando como base que está le pide con reiteración cierto deber o actitud en  clase. Así mismo un caso referido por un familiar sobre una demanda de Acoso laboral de un compañero suyo en una Institución de Seguridad del Gobierno con perfil militar, denunciando que se requería más tiempo de servicio activo del que marcaba su horario habitual. Él lo denominaba “Bullyng laboral”. (Leynmann lo nombra “Moobing”)
Situaciones todas estas me producen una sensación incomoda de vergüenza. El término, del cual se ha abusado indiscriminadamente es un caso asombroso en México. “Al llamar todo Bullyng, en realidad no reconocemos la seriedad del problema” según Elizabeth Englander (Centro de Reducción de la Agresión. Massachusetts. EEUU.) “Es uno de los efectos secundarios desafortunado de crear una campaña de concientización.”
El tema entra en discusión a la arena pública la primera década del siglo XXI (2004-2006), como una locución que expresa una situación aún no identificable en la cultura del país. Se forzan significados y  hechos para dar sustento a una Política Educativa y de Derechos previamente pactados en convenciones internacionales [Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe Mundial sobre la Violencia y salud 2002, declaro la violencia como uno de los principales problemas de Salud Publica en todo el mundo. Este informe tuvo mucha trascendencia en foros internacionales encargados de estrategias económicas. Previamente, La Organización para la Salud Panamericana establece en 1994 prioridades para el s. XXI la promoción de estilos de vida no violentos implementados en los sistemas e educación. En suma, se traducen en cambios culturales. Esto sirvió de parte aguas para llevar el asunto al ámbito Latinoamericano. Sin considerar la cultura misma. Tomando como referentes la problemática Norteamericana y en menor medida los casos y estudios europeos.] Con el fin de empujar una agenda económica en el tema de la Educación Social, que junto con el Sistema de Competencias en el Sistema Educativo, nos llevaría más adelante a tratar de implementar una fracasada Reforma Educativa dentro de un plan de Reformas Estructurales para la nación.
Una de las más prestigiadas publicaciones en Latinoamérica, la Revista Cubana de Medicina Integral, define así el anglicismo: CONCEPTO DE GRAN PRESENCIA MEDIÁTICA Y MUY POCA CLARIDAD SOBRE LO QUE SIGNIFICA. 
Entender este concepto en una realidad tangible, me remite a un recuerdo de la segunda mitad de los noventa, coincidente con los tiempos de las primeras manifestaciones públicas e institucionales sobre el tema. Este me ha sido de mayor utilidad para conocer el concepto que cualquier material académico:
[Fortuna. North Dakota. Un lugar paradójico no solo por el nombre en español cerca de la frontera con Canadá; también era una mala época para mi vida. “Bully” era un tipo brutal y su fisonomía lo representaba fielmente, no alto pero si corpulento (el trabajo lo requería: cortar la mayor cantidad de árboles para Navidad, en las peores condiciones climáticas y laborales. Un trabajo que se puede definir como verdaderamente marginal, óptimo para delincuentes en fuga, ex convictos y viciosos. En mi caso, no tenía a nadie en ninguna parte, así que mis opciones de empleo eran mínimas por mi estatus de ilegal, aparte en ese tránsito cumplí la mayoría de edad). Él era hijo de un blanco y una mujer india de cabello rizado y rojizo que enmarcaba su cara indígena, con la nariz chata y torcida. No recuerdo su nombre si alguna vez lo supe, su apodo lo sintetizaba en mi mentalidad mexicana como “torito” (Bull ̶ toro) por su aspecto, no me costaba mucho esfuerzo encontrar la similitud bovina.
La actitud era de una persona abusiva, rodeado de otros tipos adictos a drogas y alcohol, hablaba a gritos. Se hacía servir en sus faenas personales como lavar ropa, cocinar, etcétera, por los tipos de menos antigüedad de su grupo. También en el aspecto económico y de trabajo había una cierta explotación en sus relaciones. Hasta ahí puede existir cierta analogía con el uso actual de la palabra y su contexto actual que puede parecer una accidental.] 
El consenso sobre el origen de la palabra hoy de moda, es que deriva del holandés Boel. Utilizada en el siglo XVI por los señores feudales para referirse a sus mujeres. Hoy este vocablo se traduce como Amante, aunque este término en el castellano actual, no refleja el sometimiento (poder y dominación) de una voluntad a otra: la coacción  implícita en su uso antiguo; donde ser siervo era una especie de esclavismo. Cabe notar que este aspecto histórico de la palabra esta sin analizar y profundizar en su contenido, otra de las grandes fallas producto de la irreflexión con que se ha expandido el uso del término.
Es con ese énfasis que el Psicólogo y Educador Sueco Dan Olweus lo introduce en sus estudios sobre intimidación sistemática (1970). Es en estados Unidos donde encuentra aceptación a sus teorías y en 1978 publica ‘La agresión en las Escuelas: los bullyies y niños agresivos. (Cursivas mías) Identificado al caso norteamericano, me atrevo a suponer.
Aquí regreso al caso real del “Bully” real. Un viejo alcohólico franco-canadiense, habitante de la región es quien me da la pauta: bully en algunas zonas de Inglaterra se utiliza para designar a los provocadores, fanfarrones y matones (Oxford English Diccionary. S. XVII, su primer uso registrado 1710), es en ese mismo tenor que se extiende su uso en Norteamérica  en el s. XIX y principios del XX, para nombrar despectivamente a los bandoleros que medraban en esa región aun desolada del país, al margen de una autoridad insuficiente que hiciera cumplir la ley. Obteniendo de la escasa población víveres y lo necesario para la subsistencia, sin que ello significara un despojo definitivo (en ese marco de desprotección, un robo como tal, solo era calificado y perseguido si sucedía a una Empresa Comercial, Banco u Oficina del Gobierno).
El vocablo aún se conserva en esa latitud para titular a quien demostraba esa conducta. En algunas charlas, el viejo que gustaba contar anécdotas e historias, nombraba diferentes bullys, en distintos tiempos y regiones. Otro ejemplo dado son las mafias de comunidades extranjeras (italianas, rusas, irlandesas etc.) que dominaban las actividades ilícitas en las zonas urbanas en el norte de ese país en la primera mitad del siglo XX, cuya principal actividad era la venta de ‘protección’. Algunos  personajes de negra memoria llevan el epíteto como antecedente de su nombre o apellido (bully Salomone, bully Vizzini, bully Paul [Kelly], etcétera).    
Con este argumento me queda claro que la expresión SOLO es aplicable a una conducta plenamente delictiva. Traducida a nuestro contexto actual de idioma y país, al buscar una analogía concretamente cercana, solo  se puede aplicar el anglicanismo con todo derecho (que dicho de paso, no es aceptado por la Real Academia de la lengua Española por la ambigüedad de su uso) al “cobro de piso” de parte de las asociaciones del Crimen Organizado. Y para eso nuestro lenguaje se ha bastado, tomando de referencia el cobro de impuesto de parte de autoridades al ambulantaje.   
¿PORQUE CREAR CONCIENCIA SOBRE EL USO DE LA PALABRA ‘BULLYNG’?
La propaganda sobre el tema llega en un momento histórico determinado por la homogenización de una cultura que facilite el entendimiento comercial entre países, en plena etapa de Globalización; la cual culturalmente, hoy empieza a contraerse con movimientos políticos de ideología nacionalistas.
El desplazamiento de la confianza natural en la identidad a las instituciones familiares, herederas y principal expresión de nuestras culturas locales, hacia formas más estandarizadas internacionalmente, sujetas al arbitrio y sanción del Estado, supuesto representante de toda la población. Es un tema demasiado profundo, pero que hoy, conociendo los alcances de los medios de comunicación e información, podemos identificar estas teorías como palpables. El Bullyng es una expresión concreta  de un concepto introducido para formar parte de nuestra Identidad Cultural.
Uno de los argumentos más fuertes de su respaldo, para conseguir aceptación y penetración en la mentalidad mexicana es la Toma de Conciencia de una situación antes ignorada.  Uno de los mayores logros de la Ciencia Publicitaria es que las “Palabras crean realidades”. Es el lenguaje el que inevitablemente describe nuestras emociones y el mundo que vivimos.
La mayoría de mexicanos presenciábamos el fenómeno gracias a la influencia de la televisión,  reflejo inevitable de  la cultura norteamericana (En las últimas décadas, según estudios de la Universidad de Coahuila, el 84% del contenido de la programación proviene directa o indirectamente en forma de remakes de la nación del norte) sin entenderlo cabalmente hasta su promoción en la primera década del s. XXI. Lo que demuestra las diferencias culturales entre las dos idiosincrasias.
Hoy existe una confusión entre el término y la realidad social. Parece que entre adultos, académicos, padres e investigadores se ha llegado a la convención de tratar los problemas típicos del crecimiento, de los sistemas educativos producidos por la violencia social con esta generalización, como ha hecho notar Kevin Ouinn Presidente de la Asociación Nacional de Funcionarios de Recursos Escolares de Estados Unidos, es en este caos donde se pretende legislar y crear estrategias educativas cediendo a las tendencias mediáticas.
Casi cualquier  evento infortunado de nuestras relaciones personales o momento que los alumnos se hacen algo entre si y  conlleva desconsideración, molestia o algún tipo de comportamiento hiriente, se etiqueta  socialmente como Bullyng. A pesar que esos roces forman parte natural del trato social mismo, del crecimiento del Infante y  además son el sustrato para una sana formación de auto respeto por medio de la experiencia en la solución de problemas  de interacción.
(Investigando testimonios en You Tube, encontré que se ha ‘tipificado’ en el imaginario del adolecente y educador, una categoría tan ridícula como “el Bullyng por exclusión”: una situación donde se convierte en una agresión el no ser invitado a jugar un partido deportivo, ir a una fiesta o pertenecer a un grupo con una actividad determinada. Encuentro varias similitudes con el concepto de Marginación que ha llegado en el ámbito público a dimensiones surrealistas)
Admito que soy de la generación que de niño aun defendía su espacio vital (mi cuerpo, mis valores de entonces) a golpes, a pesar de ser algo tímido, torpe y bastante cobarde. Recuerdo, como coincidirán algunos adultos que compartieron la época,  No solo fueron ataques y respuestas centrados en la violencia. Estos sucesos  simbolizaban una especie de ritualidad para delimitar el rol social en la comunidad  y entre infantes; ya sea en la escuela o en el barrio. Más cercano a una tradición social en México que se puede rastrear por generaciones en nuestra Idiosincrasia, que al fenómeno reflejado en la misma idiosincrasia norteamericana difundida en medios, que a su vez encuentra raíces comprobables en su misma tradición social histórica. Como en el caso de la anécdota del ‘Bully’ de North Dakota.
    En todo caso, el fenómeno se encuentra más cercano a las definiciones originales de Moobing observadas en la zoología, que es el acoso animal de parte de alguno de sus semejantes, por las mismas razones de especie.
Normalmente estos momentos en mi infancia, no revelaban el mismo sadismo de hoy día, el cual es más producto del miedo inducido por la manipulación mediática que victimiza al ser humano y al niño en específico ante la violencia. Junto a la carencia del valor de auto respeto (el cual es el mayor antídoto y prevención para los casos de abuso ya que nos libra de ser víctimas o victimarios) A su vez reflejos de los ejemplos de respuesta absorbidos de los productos culturales que informan al infante: videojuegos, películas etc. Pero sobretodo de la Violencia Ambiental (violencia pervasiva) que vive el país.
La Violencia Social es directamente culpable y ha permeado los centros escolares, demostrando la vulnerabilidad de la población infantil al fenómeno. Una deficiencia de los sistemas de Educación  o culturales. El Bullyng o violencia es producto de la Violencia social, ya que la violencia intrafamiliar, ha sido por tradición una de las formas de educación hasta finales del siglo xx de parte de los padres y en menor porcentaje de las instituciones. Violencia ambiental o pervasiva (Violencia Social, producto de Crisis Económicas. Universidad católica de Chile)
El uso indiscriminado  de la palabra devalúa su concepto, es una forma efectiva de ocultar y disfrazar los procesos de violencia social. Una falta de respeto a las verdaderas víctimas de Bullyng que han  pagado con su vida la falta de objetividad en el fenómeno.
Nombrar Bullyng a prácticamente cualquier interacción no favorable a la percepción emocional de cada uno, es un pantano en el mundo de la violencia donde cualquier forma tangible de la misma carece de un peso objetivo. Hay una temeraria banalización de la maldad en este uso generalizado de tan penoso hecho.
A pesar de la masificación de información y citas, al investigar el tema caí en cuenta en la insuficiencia del vocablo para retratar la realidad de la agresión  y su impacto de manera racional. Consulté una serie de videos testimoniales de víctimas y presuntas víctimas, (además de artículos de opinión amateurs y académicos). Los casos, a pesar que se suscribían en el motor de búsqueda con la palabra citada, al narrar  el testigo, especialista o victima la secuencia de actos y la impresión emocional sobre la agresión o presunta agresión, los testimonios con más apego a una realidad posible de connotaciones delictivas, no solo de percepción; hacían uso de palabras claves antes o después del concepto, palabras como: Violencia, Agresión, Acoso, Maltrato, Insultos etc. Acompañaban el término, para especificarle y dar un peso concreto en la realidad.
    “Mucha gente usa la palabra para lograr lo que desean, se convierten en víctimas perpetuas, pero lo único que desean es el poder y el control”. Ben Leitchtling, fundador de BulliesBeGone 
“palabras como niños malvados, o víctimas se devalúan, en vez de quedar reservadas para el fenómeno de abusos tanto para la escuela como el lugar de trabajo” Malcom Smith. Universidad de Nueva Hampshire. Fundador del programa contra abuso escolar “The courage to care”
“¿Cómo podemos seguir usando una palabra que tiene tanta carga emocional, sin devaluarla a tal punto que la gente se queje cada vez que le pasa algo malo? “Expresa Nadine Connell profesora de Criminología de la Universidad de Dallas Texas.  Opino como en el caso anterior de los testigos en video que no hay ningún problema en dejar de hacerlo, como tampoco hay alguna ventaja en la utilización del neologismo, ya que no reflejan la situación de Violencia que permea la sociedad y la confusión del lenguaje distorsiona la percepción de la realidad.
Son pocos los estudios en México con respecto a la violencia escolar fuera de esta perspectiva del bulling. Mayormente hechos en universidades estatales donde el Crimen Organizado tienen un alto grado de influencia cultural (Chihuahua, Nayarit, Baja California). Pero son contundentes y verosímiles por hallarse enmarcados en una descripción inmediata al fenómeno que apunta que la Violencia en Centros Escolares es un reflejo de la violencia generada por esta colonización u ocupación de grupos delincuenciales armados .Sigue sus mismas pautas de dominación social. El empoderamiento a base de la intimidación para lograr un control en una zona determinada sobre un grupo de gente con el cual se socializa comúnmente para obtener un beneficio material o simbólico.
Me atrevo a suponer que de igual forma, son una proyección de la dinámica económica que vivimos y se intuye en la mentalidad de los más jóvenes, reproduciéndose en su entorno inmediato.
Utilizar las palabras precisas para determinar la Violencia Social es un ejercicio saludable para prevenir  los modelos de abuso entre semejantes, junto con la concepción de Auto-Respeto.
Nombrar: Burla, Violencia, Acoso, Agresión, Delincuencia, Crimen, etcétera, por sus nombres. Además que nos ofrecen un marco jurídico de términos ya manejables, sin esperar un largo proceso cultural de incorporación conceptual y cultural. Dejando de apostar a un ente abstracto de Justicia en una colectividad de redes sociales y opinión pública. Al final, en ese miasma impreciso de un concepto apócrifo, todos somos susceptibles en algún grado de cometer Bullyng o ser bulleados.
“Si todos somos víctimas, entonces nadie es víctima”
En resumen: No es la capacidad de agresión violenta de los demás lo que se está disminuyendo con el uso de este término y su forzosa incorporación a la identidad cultural. Esta sigue creciendo y manteniéndose alimentada de la violencia ambiental en el país y de toda la información de los productos culturales que se consumen, incluyendo la propaganda y promoción de este término. Es la capacidad de respuesta defensiva ante el fenómeno lo que se diluye en el confort de la mayoría en concenso…
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